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Tlaxiaco más cerca de mí-La X en la Frente

  • Foto del escritor: Moisés Molina
    Moisés Molina
  • hace 12 horas
  • 3 Min. de lectura

Este sábado estuvimos en Tlaxiaco,  la tierra de Lila Downs y uno de los polos comerciales y culturales de la mixteca oaxaqueña.


Fuimos los magistrados y magistradas del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca a encontrarnos con una asamblea de ciudadanos convocada por el presidente municipal.


Seguimos recorriendo el estado para acercar – al menos – a la gente el entendimiento de cómo funciona la impartición de justicia.


Les contamos que hacemos los jueces y los magistrados, y cuál es la diferencia entre nuestros ámbitos materiales de competencia.


Pero además nos quedamos a dialogar con quien así lo quiera respecto de algún asunto o cuestión que tuviese en juzgados o en nuestras salas.


Querámoslo o no, estamos ya en un nuevo paradigma que, con todas sus inconsistencias, obliga a los poderes judiciales y sus operadores a salir al encuentro con la gente para socializar esa cara oculta de nuestro trabajo.


Hay muchas dudas y muchos temores respecto de la utilidad y hasta la legalidad de sentarnos en un mismo plano con la gente que tiene sus asuntos en nuestros escritorios.


Pero, al menos en mi experiencia personal, lo que la gente quiere es únicamente saber que sus asuntos van caminando, que se revisan concienzudamente, que hay un rostro y un nombre detrás de la decisión que se va a tomar y que se resolverá lo más pronto posible.


El pueblo es sensato y lo único que quieren es – como me lo dijo entre lágrimas una niña de doce años en esta visita – que se haga justicia.


Para quienes hemos estado acostumbrados a caminar entre la gente casi toda nuestra vida, estos encuentros nos devuelven a lo primigenio en la función pública: la vocación de servicio.


Jueces y magistrados somos servidores públicos que para servir bien hoy tenemos que dar la cara y explicar.


Quien siga pensando que jueces y magistrados somos juristas expertos iluminados precargados de respuestas para todos los problemas de la gente ordinaria, terminará por encontrarse con una realidad descarnada que nos legitima solo apartar de la comprensión que la gente tenga de nuestra labor.


Porque hoy la gente cuestiona y ya no da nada por sentado. Las sentencias ya no son dogmas y los jueces ya no son oráculos.


Quien siga pensando que los jueces  hablan solo  a través de sus sentencias chocarán con la realidad más temprano que tarde. Hoy los jueces, además de la función técnica jurídica, tienen una nueva función social que yo me animaría -sin prejuicios- a llamar política.


Y desde luego que también disfrutamos de Tlaxiaco, un pueblo lleno de historia donde está más presente Díaz que Juárez y donde su gente hace tiempo dejó de votar por los partidos y hoy  vota por la persona.


Aquí nació y vivió, por ejemplo, Esteban Calderon el médico juarista (y que también fue juez y diputado) que curo a Porfirio Díaz de la única herida que sufrió en batalla y que a la postre se convertiría en abuelo de José Vasconcelos, cuya madre fue una de sus 17 hijos.


Este pedazo de historia es un botón de muestra de la grandeza de esta tierra bendita que me ha dado muchos amigos que he podido volver a ver y a la que espero regresar  pronto.


*Magistrado Presidente de la Sala Constitucional del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca

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